Sediento
de ti, Capitulo 1, página VI.
Al ver como
el sofá se amoldaba fácilmente a mi estructura corporal, no dudo un
segundo en reclinarme sobre éste hasta estar lo suficientemente
cómodo. Alargo la mano y cojo un cojín de color crema y lo pongo
sobre mi estómago, cruzando mis brazos sobre éste.
Lanzo una
interesante mirada a la joven que me mira sin saber a que atenerse,
puedo notar como está inquieta, nerviosa e incluso un poco
desconcertada, no me sigue ni sabe por donde voy a salir yo. No sabe
si voy a comportarme bien como ella espera o si a la mínima de
cambio me lanzaré a su cuello, solo con ver sus ojos de cervatillo
mal herido puedo saber todo lo que está pensando. Ésta humana es
demasiado transparente, he conocido varios a lo largo de mis
quinientos años y confieso que con algunos me ha costado saber lo
que pensaban o sentían, pero Megan..Con ella es muy sencillo. Sin
mas preámbulos me dispongo a curiosear.
—Veamos...¿Cómo
es que sabes tanto sobre los vampiros ratona de biblioteca?.
Sonrío de
lado con falsedad, por tanto dicha sonrisa se borra de mi rostro al
segundo, la humana rueda los ojos por aquello de “ratona de
biblioteca”, coge un poco de aire y separa los labios para
responder mi pregunta.
—Cuando
era pequeña y no podía o más bien no quería dormir, mi madre me
contaba historias sobre vampiros, hombres lobos o brujas para
asustarme y que así me durmiera antes. Por aquel entonces me daban
miedo los seres como tú pero al crecer, quise saber más, quise
saber si realmente existían pues, toda leyenda se suele sacar de
algún hecho real. Investigué pero al parecer no obtuve mucho éxito.
Asiento y
hago una mueca curvando mis labios hacia abajo al oír eso último.
Descruzo mis brazos y los alargo poniéndolos sobre el borde del
sofá, pudiendo así estirarme un poco. Frunzo un poco el ceño y la
miro.
—O eso
crees. —La miré con el rostro impasible.— ¿Y esa señora ya ha
dejado de contarte batallitas de vampiros? Por que sigues siendo un
cervatillo asustadizo.
La humana
endureció el rostro, noté como su mandíbula se había tensado tras
mis palabras. Los orificios nasales se le habían abierto incluso un
poco y no sabía si la había enfadado o estaba a punto de lloriquear
como una niña de cinco años. Finalmente con su mirada café puesta
en mí, responde.
—Esa
señora está muerta.
Un incómodo
silencio se hizo en aquella sala pero yo no muestro ni una pizca de
remordimiento ni ninguna intención de disculparme. Vuelvo a cruzar
los brazos sobre mi pecho y sigo con mis preguntas.
—¿Que
más crees saber sobre mi?.
La morena
imita mi mueca anterior, curvando los labios hacia abajo y alzando
las cejas , luego deshace aquella mueca y me mira cruzando las
piernas.
Visto lo
visto, nada. No te afectan los ajos —Comienza a contar con los
dedos— ni las estacas, no puedes salir a la luz del sol,
pero...¿Que hay de la verbena?.
La morena
deja de contar con los dedos y entrelaza los dedos de sus manos
mientras me mira, puedo ver en las comisuras de sus labios como desea
mostrar una sonrisa triunfal. Yo la miro y enarco una ceja sin
cambiar de postura.
—Por
desgracia para ti, eso no es más que ficción asi que, no dejes
escapar la sonrisa que quiere salir por la comisura de tus labios.
La joven se
sorprendió al oír mis palabras, no creo que lo que le haya
sorprendido haya sido el hecho de que la verbena sea ficción, si no
más bien, que supiera que iba o quería sonreír después de que mi
respuesta fuese un sí pero, ese no ha sido el caso.
Megan
frunce el ceño, y su gesto me muestra frustración, está enfadada
con ella misma por que no es capaz de conseguir que es lo que puede
afectarme, en realidad ya lo sabe: La luz del sol. Ese es un factor
con el que ella cuenta a favor puesto que no podré cazarla de día,
pero lo prefiero por que de noche no hay nadie en ningún sitio,
todos los de este pueblo están mas que dormidos, por el contrario de
día, hay gente por todos lados y puede ser mucho más complicado.
Veo que se incorpora en el sillón de una plaza y me mira aún con el
ceño fruncido.
—Entonces..¿Que
te afecta? ¿Que te debilita? ¿Como puedes morir?.
Después de
semejante pregunta y de ver lo seria que la humana la formuló no
pude evitar reírme a carcajadas en su cara, claramente me estaba
mofando de semejante estupidez. Incluso dí unas palmadas mientras me
reía. ¿De verdad piensa que le voy a contar mi debilidad? Dios mío,
parece rubia. Ni a ella ni a nadie en quinientos años de
inmortalidad le contaría semejante secreto, de ser así mis enemigos
conseguirían destruirme en un abrir y cerrar de ojos, y puedo tener
millones de enemigos repartidos por todo el mundo así que, no me
conviene ni lo desvelaré jamás. Cuando mi ataque de risa finaliza,
miro a la humana todavía con una sonrisa burlona en los labios, me
está mirando muy seriamente, enfadada y furiosa al ver como me he
mofado de ella.
—Nadie en
mis quinientos años ha sabido tal cosa. Tú no vas a ser especial,
busca una bruja a ver si lo adivina, ya sabes de esas que salen a las
tres de la mañana por la televisión.
Emito un
par de carcajadas más y entonces la humana se levanta con impetu del
sillón de una plaza, tal fue su rabia que casi lo deja caer hacia
atrás. Alza un brazo y con su dedo índice me señala hacia la
puerta.
—Largo,
fuera de mi casa.— Espetó la morena mientras me miraba con la
mandíbula tensada.
Vaya, me
sorprende. Es la primera persona mortal con la que me cruzo que es
capaz de echarme huevos, me gusta tiene garra, chispa y carácter. Me
levanto del sofá con una sonrisa burlona y alzo las manos a modo de:
“Tranquila no me pegues”. Niego con la cabeza riendo y rodeo el
sofá caminando hasta el recibidor, abro la puerta y antes de salir
fijo mi mirada en ella por encima del hombro.
—Recuerda
que..Puedo entrar cuando lo desee.
Una vez
hecha aquella advertencia a modo de despedida, crucé el umbral de la
puerta y salí de aquella vivienda sin alejarme de ella. Me quedé en
el porche y pude oír un suspiro de alivio de la morena. Durante un
par de minutos no escuché nada mas y acto seguido, oí los
interruptores y vi como las luces del salón y de la cocina se habían
apagado. Luego pude oír como subía las escaleras y entonces, con la
velocidad que me caracterizaba entré por la ventana de su habitación
colocándome tras la puerta de ésta. En cuanto la morena curzó la
el marco de la puerta y estaba ya en el centro de la habitación,
cerré la puerta tras ella, se giró me miró con un gesto de
sorpresa y terror. Yo sonrío perverso y dejo salir mis colmillos,
noto como mis ojos se oscurecen y me lanzo sin dudar al cuello de la
morena, hundo mis colmillos en él desgarrando su tersa y suave piel.
No le había dado tiempo ni tan siquiera a que tratase de esconderse
en el baño, la chica se me resistía sin éxito, trataba de apartar
mis manos de su cuerpo pero mi fuerza era cuatro o cinco veces
superior a la de ella, así que todo esfuerzo era en vano. Mientras
me alimento de ella pude notar como se debilita, pienso acabar con
esta zorra a mi nadie me echa de ningún sitio tanto si es mi casa
como si no y menos una estúpida humana como ella. Volvemos al
principio, sus pulsaciones decaen cada vez mas y su respiración es
cada vez mas débil, estoy a punto de acabar con su miserable vida
pero, cuándo la tengo donde quería mientras saboreo su deliciosa
sangre algo me impide acabar con ella, algo en mi cabeza no me deja y
no sé que cojones es, me ha vuelto a pasar lo mismo que la vez
anterior. ¡Me cago en la puta! Aquel sentimiento de obligación a no
matarla me estaba invadiendo así que sin mas dilación saco mis
colmillos de su cuello bruscamente y la dejo caer al suelo.
—¡Joder!.—
Exclamo a modo de frustración.
La joven,
debilitada casi no se puede levantar del suelo de madera de su cuarto
por si sola. Alza una mano y la lleva a su cuello para evitar
desangrarse. Arrugo la nariz y frunzo los labios ofuscado y me
agacho, la cargo en mis brazos y la dejo sobre su cama, luego llevo
mi muñeca a mis labios dando un mordisco sobre ésta y la acerco a
los labios de la morena haciéndola beber la suficiente sangre como
para que se recupere. Cuando termina, se deja caer en la cama con los
ojos cerrados y yo desaparezco de allí en menos de un segundo.
Llego a mi
mansión y doy un portazo ofuscado. ¿Por que no puedo matar a esa
humana? Llevo cazando mas de quinientos años, he matado a billones
de personas a lo largo de mi inmortalidad y ahora no puedo con una
simple paleta de pueblo. ¿Por que? Me quito la chupa de cuero y la
dejo de malas maneras sobre el sofá sin poder dejar de pensar que me
impide matarla, no significa nada para mi ni ella ni nada, no creo ni
confío ni me importa nadie más que yo mismo, siempre ha sido así
en lo que llevo de existencia y así seguirá. Por ahora no me queda
más que bajar al sotáno y meterme en la cama, me quito la ropa
dejandola tirada por el suelo, mañana la recojo si me apetece.
Me meto en
la cama y me tapo hasta la cintura, sin darle mas vueltas a lo
sucedido hoy con aquella chica cierro los ojos y me dejo llevar por
Morfeo.
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